Un paisaje de viñas viejas, posiblemente de las más viejas de España, y una construcción exterior inspirada en la arquitectura tradicional, contrastan con la alta tecnología del interior de una bodega que representa por sí misma el equilibrio entre tradición y modernidad que Fariña ha mantenido en toda su trayectoria. Sus depósitos de elaboración de acero inoxidable y el sistema de control de temperatura en la fermentación daban fe, ya hace casi treinta años, del espíritu vanguardista de Fariña. Un espléndido edificio de dos plantas, con los techos en madera laminada, alberga en su interior la sala de crianza. Su atractiva estética y el riguroso control de temperatura y humedad, permiten intuir la importancia que Fariña otorga al envejecimiento de sus vinos. A cinco metros de profundidad, un parque de más de 1.800 barricas de roble francés y americano, dotarán a los crianzas de Fariña de una buena parte de su marcada personalidad. En la misma planta, se encuentran las tinas de roble francés de 16.000 lts. cada una, que ayudan a conseguir este objetivo. En ellas se llevan a cabo las fermentaciones malolácticas de algunas elaboraciones y se completan los coupages de las producciones más limitadas. La inquietud de Bernardo Fariña por la influencia de la madera en los vinos de Toro, le ha llevado a experimentar con todo tipo de robles y de tostados en barricas para conseguir unos vinos originales y complejos. |