Toro, con una pluviometría de entorno a los 350 litros al año, es una de las regiones vitivinícolas más secas de España. Su clima continental, con influencia del Atlántico, presenta una gran diferencia térmica entre los días y las noches. Sus inviernos son largos y fríos (hasta –7ºC), y sus veranos cortos pero intensos con temperaturas cercanas a los 40ºC. La temperatura media  anual se sitúa en torno a los 12ºC.

Aunque es rara la presencia de nieve, las heladas de primavera son una amenaza para el viñedo hasta mediados de mayo.

El suelo de Toro es  pedregoso de aluvión, lo que le permite acumular el calor por el día y actuar así como termorregulador. Su superficie arenosa, ligera y pobre en materia orgánica posiblemente sea la causa de que la filoxera no afectara al viñedo de Toro como lo hizo en otras zonas. El subsuelo, frecuentemente arcilloso, permite mantener la poca agua que recibe el terreno, facilitando un uso más eficaz por parte de la cepa.    

La cantidad de piedras y el tamaño de éstas hacen que las cepas de algunas parcelas de viñedo, si no están recién aradas, presenten la apariencia de estar plantadas sobre la piedra.

Esta singular combinación de clima y suelo favorece que en Toro se produzca una óptima y temprana maduración de la uva, lo que permite conseguir una mayor concentración de sus cualidades y una extensa gama de aromas frutales y florales.